- Nos ha costado mucho, pero ya lo hemos solucionado todo – Mariana acabo de poner las ultimas cosas en la mesa - Pensé que nos costaría más…
-¿A quién has contratado para hacerse cargo de esto? - Diana archivo todos los papeles que momentos antes habían estado esparcidos por la barra del club.
- No te preocupes pequeña. Lo tengo todo pensado. Esta noche ira a la galería y podrás verlo – Mariana acaricio suavemente a Diana.
Ya hacia un año que Zagael y ella habían dado con Diana. De familia creyente, estudiosa, y de comportamiento intachable, pero con deseos de lo más perversos. No costó mucho convencerla para que se liberara, que hiciera realidad sus pensamientos. Ahora era la segunda al mando. Su general. Ella encontraría a los demás, almas negras capaces de sucumbir una ciudad como Barcelona. Que los pecadores liberados caminaran orgullosos por sus calles. Que incitaran al mundo, que pudieran gritar al aire, al cielo y al propio Dios que eran libres, que había elegido ser libres y disfrutar de los placeres que les proporciona la vida.
Poder pecar sin ser recriminados, poder hacer lo que les plazca sin regirte a ninguna sociedad ni norma. Conseguir la Libertad Eterna del alma y del cuerpo.
- Te pierdes en tus pensamientos querida mía – la voz de Zagael la despertó de su agitada mente.
Escuchar su voz, como le acariciaba la piel, todos los sentidos aunque estuviera lejos, hacia que se sintiera viva. Daria su alma por sentir siempre ese efecto. – Se la volvería a dar por sentir esto – dijo entre susurros Mariana.
- Ya se la vendiste. Y le está sacando un buen provecho – las paredes del local vibraron con la profunda risa del caído.
- Y no me arrepiento – se dijo para los dos.
- Diana, ¿cómo llevas a nuestro rebaño de ovejas? – le pregunto Zagael con esa voz ronca de ultratumba pero seductora.
- Bien. Ya los tengo a todos, más o menos. En cuando inauguremos el "Nocturnos" os lo presentare y podrás escogerlos. – Diana encontraba seductora su presencia, no por sus rasgos, ni por su voz, sino por la maldad y el desafío que irradia su aura. Aura que comenzaba a bañar toda la ciudad. Eso es algo que gozaba cada instante.
Zagael resoplo para sí mismo. Los días pasaban, y cada día tenía más cerca su objetivo. Ahora ya se podía respirar su aura, su alma en la ciudad. Se deleitaba con ese sentimiento, de que todos, absolutamente todos supieran que ahí había algo, tan suspicaz, tan inadvertido, pero presente.
Cuando se dieran cuenta, sería demasiado tiempo, la mancha negra ya estaría tan marcada en esta ciudad que no podría hacerse nada.
- Echo de menos una batalla… - dijo en voz alta. Su voz se escampo por toda la habitación.
La primera contestación de Mariana fue una leve risa – Hace mucho que no nos plantan cara. Es divertido luchar y medir fuerzas de vez en cuando…
- Espero que nos reciban como merecemos – dijo el caído irónicamente.
- - - - - - -
Diana entro en la galería; amplia, desierta y con el olor a Zagael recorriendo cada uno de los rincones de la solitaria sala.
- Cuanto más tiempo paso aquí, más me gusta… - se dijo Diana alegremente mientras estudiaba los pocos cuadros que vestían las paredes plateadas.
- Es tu casa Diana. Debes sentirte bien, acogedoramente bien – le dijo Mariana mientras como una madre, le puso la mano en su hombro. – David esta aquí. Ahora mismo está hablando con Zagael. Te gustara este chico. Como tú, se ha reprimido durante mucho tiempo. Ahora que ha desatado todo su potencial es como un Adonis del mal. – Dijo orgullosa – Es curioso que todos aquellos que habéis nacido en un seno de catolicismo, sois los que más potencial tenéis… Potencial desaprovechado.
A lo lejos se escucharon unos pasos, Diana se quedo fijamente mirando al joven de melena negra, ondulada y alborotada que caminaba con aires de Dios.
Su piel nívea, con un aspecto parecido al mármol atraía toda la luminosidad, de la galería y de sus obras de arte.
El joven Adonis siguió caminando hacía Diana. La joven se quedo mirando los pectorales que se le marcaban en la camisa de raso. David le sonrió y ella se quedo parada al ver esa sonrisa malvada que prometían guerras sangrientas dirigidas por un Dios de ojos negros sombreados de un rojo sangre.
- La reencarnación de Ares. – dijo en voz baja Diana. Si, parecía una reencarnación de Ares, el Dios de la guerra. Un humano con su aura. Si, David era muerte, dolor, destrucción y poder.
Inspirado en una de las partida SH: http://groups.msn.com/shadowhuntersthegame/libertadeterna.msnw


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